Hay dos máquinas oxidadas en los suburbios del alma:
El corazón que no late
y el reloj que no cesa
Ruido de máquinas oxidadas,
es la vida misma
Sin embeleso marino
no se suavizan las costas
Los granitos de arena
maúllan horas abortadas
Aceito las máquinas oxidadas;
hay azulejos en tu verdor negado
Hay ruido de realidad
en el tic-tac del corazón.
Confundo latidos con minutos;
ruido de máquinas oxidadas…
Un corazón que marca las horas de un soplo,
un reloj que sangra latidos de un presentimiento.
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