Borré un poema
y descubrí mi niña interior,
-a mi lado-
ocultando lágrimas,
creciendo sin ella querer
con labios en forma
de sigilo felino.
Escribí un poema
y apareció
-de un suspiro mal trecho-
una mujer valerosa
con las mismas lágrimas
de aquella pequeña,
pero drenándolas
en una sonrisa enigmática,
pero de tinta.
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