Quiero acariciar
tus cicatrices,
una por una,
hasta encontrar
la que está abierta,
la que no se ve,
la que no llamas herida,
pero supura vida vivida,
que viviste sin ahorrarte
-seguramente-
ni el más leve rasguño.
Quiero rozarla
hasta sentir tu dolor, mío,
hasta que grites mi nombre
en reemplazo del quejido.
Que engendres nuevas escamas
de vida colorida.
Tus pliegues duros
- corteza del pasado-
de mudas oscuras, viejas
quiero moldear,
hacerles surcos de risa
y hendiduras de gemidos
donde mis dedos encajen
y mis huellas
como abrazo indeleble
dejen infinitos
en tu indomable coraza.
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