Un suspiro,
el que justamente recorre
tu espalda
-esa alameda donde arcángeles
hacen la guerra con los centauros-
Ese exacto suspiro
profana mi falda,
debajo de ella
hay neblina condensada,
mareas desveladas
por el roce incierto
de tus conquistas
El suspicaz suspiro
sigue su inundación,
-hacia arriba-
se inmiscuye
donde los latidos
aún no se hacen alba
pero sí, oscurecen
la sangre derramada.
Después de padecerse
en palpitos desesperados
arriba en mi boca
manchada por pájaros exiliados
y en su aleteo expirado
se asoma una bocanada de ojalás
Finaliza muriendo
en la agonía
de un pensamiento olvidado
porque lo imposible le succiona
sus vísceras vitales.
De suspiro pasa a ser
orgasmo insensible
que se marcha en un
ventarrón de porqués
justo, cuando
la pequeña vida muerta
ya es abismo.
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