No entiendo a los celos.
-aunque una niña inmadura casi nunca entiende de nada-
En un abrir y cerrar de inseguridades
soy la viuda negra
que con preguntas, dudas y putos miedos
condena y asesina a sangre fría.
Pero, si miro bien mi cobardía,
soy yo, la de la herida a muerte.
-por mi propia estupidez, por supuesto -
Puedo alcanzar a ver
mi sangre caliente
derramarse por mi ego
hasta formar el río de la idiotez,
o quizás inundar el mar salado de lo insólito
siguiendo a ciegas
palpitos absurdos.
-Jane Austen, seguro se reiría de mí -
Ahora me toca estancarme, estancarte
en mil disculpas y otros tantos perdones.
Mi río se seca en un te quiero,
avergonzado, pero sincero
-muy sincero-
y solo queda, susurrar bajito
que te quiero celosa y con ganas
para que el gato no se despierte
y siga soñando conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario