Dioses creadores de un silencio,
nunca un cielo tan pesado de enojo
arrancando la herrumbre
de la piedad que tanto amo,
pero, ¡cuánto te odio!,
vieja pena.
Cuando deje de temerme,
cuando dejes de quererme,
cuando deje de gustarme morir,
en todas las vidas que soy,
¡derrótame verso!
Después del duelo perdido,
me sentaré en la balanza
que desequilibra,
la vida - la muerte,
sin pedirle permiso al juez castigador,
porque si desnudas las estrellas,
con pudor,
con prejuicios mortificantes,
huyendo del nacimiento de tus muertes,
te darás cuenta,
que en tus alboradas cansadas,
es lo mismo,
luz que oscuridad,
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