Ese después,
que supone que la vida es eterna.
Ese no,
donde ya está todo dicho.
Ese precipicio,
que a estas alturas todavía le importa caer.
Esa agonía,
a la que Caronte ya paseó por su río.
Esa venganza,
que la mentira ya anidó boca.
Esta poesía,
a la que la muerte nombró epitafio de reencarnación.
Este yo,
en donde tus pájaros anticipan el incendio
de la séptima herida sin nombre...
Todo esto, vaivén eterno
de un sentir...
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