Este dolor que fecunda la tragedia
intenta partirse en dos milenarias muertes,
la más dulce,
recubierta de llagas,
la otra,
anunciación de rosales inquietos.
Luego suena en el lamento
un quejido,
un reguero de soledad enardecido,
pasa por mi culpa,
la vida
como milagro que le habla al cadáver,
como negro augurio que enferma
el adentro viejo,
porque el nuevo,
es la más hiriente anunciación
de rosales inquietos.
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