Quita la luna
del hueco tibio
de tu beso.
Agrega la hoja caída
por los achaques del otoño.
Escribe en ella mi nombre,
conjúgalo en piedad.
Merma la llovizna,
pues el equilibrio huye de su borde,
y no hay ya más miserias
donde aprisionar la duda dada en otra duda.
Desempolva el sudor estelar
hasta substraerme
en volcán,
el silencio que no contesta,
pero estabiliza todo.
Desordena el frío,
sustitúyelo con mi pálida piel,
cráter cristalino,
donde tú, hombre canción
es el que llegó a él,
por primera vez.
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