Cuervos en el pecho,
sangraron mi vida
y vida sangré.
Depronto fui nube,
en cada nube
hubo un llanto.
Padecí una y mil lluvias,
rocé mis sombra
bajo una estrecha luna,
doblé la ironía,
y no se quebró la ternura.
Ahora se abisma la mirada
sobre la carne abierta que fui,
cuando aún te estrujaba
entre mis pudores
que no han parado de mentir.
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