Se fragmenta la lluvia,
-crujido en la memoria-
se anestesia la tarde,
-agonía en los geranios-
cae la niebla,
martillando a ratos
el aguacero de adentro.
-un ahogado quejido de aguas mansas-
Las entrañas paren
estrujones de rosas,
no se notan, no se sienten,
aunque las espinas en los ojos
anuncien rostros a los que les pesan
los gestos de hastío,
los nudos en la garganta,
la saliva envenenada con el silencio.
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