Boca abajo está la noche
sobre un eclipse niño.
Su sangre se desliza
por el hueco de sus venas
hacia ausencias granates en declive
donde gritos enlunados
estremecen un vuelo largo
de metáforas furiosas,
y de cenizas que no hay vuelto
del definitivo silencio
de aquel humo
de un cigarro,
que suspira boca arriba
quemando y cauterizando
la herida abierta de la noche
ya galopante
sobre un eclipse hombre.
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