sábado, 23 de abril de 2022


Cosquilleo de anonadamiento

una noche

hija de nadie. 


En quien pierde luces

varoniles sublimadas, 

mientras se gana sombras

 no envidiadas en la umbría belleza. 


Murió el ángel con su pincel

trás el nacimiento en ego

del inmortal Narciso, 

que es igual a todos los incensatos 

caudillos de la carne. 


También es de piel terrenal, 

su oro se manchó

de mundanidad. 


Con la contradicción brillando 

en su gota de tinta

que ordena las hojas muertas 

de quien se acostumbró 

a su resplandor. 


Pero ahora, 

solo hay ojos empañados 

sobre esqueletos de noche hija de nadie 

avivando la lumbre de la realidad. 




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