Cosquilleo de anonadamiento
una noche
hija de nadie.
En quien pierde luces
varoniles sublimadas,
mientras se gana sombras
no envidiadas en la umbría belleza.
Murió el ángel con su pincel
trás el nacimiento en ego
del inmortal Narciso,
que es igual a todos los incensatos
caudillos de la carne.
También es de piel terrenal,
su oro se manchó
de mundanidad.
Con la contradicción brillando
en su gota de tinta
que ordena las hojas muertas
de quien se acostumbró
a su resplandor.
Pero ahora,
solo hay ojos empañados
sobre esqueletos de noche hija de nadie
avivando la lumbre de la realidad.
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